lunes, 10 de julio de 2017

TIC-TAC




““España vive pendiente del reloj. El implacable tic-tac sigue su ritmo asesino, las agujas se mueven camino de la muerte, nada amortigua su acelerada clónica marcha. Tic-tac-tic-tac, siempre igual, ni rezos ni manifestaciones ni Dios -si es que existe- lo detiene. Avanza impasible hacia la hora señalada.

          El único español que no sabe su destino, marcado por lo inhumano de ETA, es Miguel Ángel Blanco; el resto, sí lo sabe, lo sabemos, y jamás un pueblo ha observado con más detenimiento la infernal máquina encargada de comunicarnos el segundo, el instante en que el joven Blanco va a recibir el disparo 9 milímetros parabellum que los hombres de la muerte tienen preparado para él.

          No me encuentro bien, escribo mirando instintivamente la hora. ¿Qué puedo hacer, además de escribir? Soy instrumento inútil en este recorrido sombrío sobre el luminoso julio de nuestro Sur. Me siento fracasado, inservible, portador de un cubo de basura del que formo parte. Tic-tac-tic-tac.

          Sé que no existe posibilidad lógica de que los autores materiales que han puesto en marcha las agujas de la muerte paralicen su andadura, silencien el tic-tac. No existe esperanza en ellos porque la esperanza es patrimonio de los que viven, y ellos están muertos al amor y al perdón.

          Pero están los otros, los que estimulan, los que saben algo, los del miedo y el voto a HB; están los que miran el reloj, oyen el tic-tac y asesinan con su silencio; están los que sospechan, los que se niegan a visitar el mortuorio de Mondragón y los que gritan ¡ETA, mátalos!

          Y entre esos otros, debe existir -tiene que existir- un hombre bueno, un desconocido atormentado por el paso y el peso del tic-tac; él es la posible salvación, el relojero capaz de hacer que las agujas, las ilusiones de Miguel Ángel no se marchiten a las dieciséis horas de un doce de julio.

          Jamás un tiempo pasó tan fugaz y nunca fue tan asesino el martilleo insistente del tic-tac.””


NOTA: Este “copo” fue escrito hace veinte años y publicado en DIARIO-MÁLAGA


        

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