miércoles, 30 de marzo de 2011

El campamento Benítez


Corría el año 1928 cuando el Ayuntamiento de Málaga cedió al Ministerio de Guerra las 28 hectáreas que conformaban el Campamento Benítez. Y hace menos años, en 1995, hubo un trueque de dichos terrenos por parte del Ministerio de Defensa con el de Fomento por el que éste se hacía con la propiedad del lugar donde tantos malagueños hicieron la mili, a cambio de que la ministra Magdalena Álvarez realizara unas obras en Torrejón de Ardoz.

Fomento, la ministra, prometió el oro y el moro, pero la realidad es que el “Benítez” lleva cerrado un montón de años. Tanto la ex alcaldesa Celia Villalobos como el actual alcalde Francisco de la Torre han solicitado que la propiedad del desolado terreno vuelva a ser propiedad municipal, pero los gobiernos del PSOE y del PP no le han hecho puñetero caso, y ello aunque alrededor de la mesa del Consejo de Ministros se hayan sentando ilustres malagueñas de nacimiento y adopción.

Existen y se mantienen promesas de Museo de Transportes y de hacer de él el Pulmón Verde de esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, pero la verdad es que esta ciudad nuestra que limita a poniente con esas 28 hectáreas se ha quedado, por ahora, gracias a su magnanimidad tras la Guerra del Rif compuesta y sin novio, llamemos al novio Benítez.

Como estamos en precampaña, la candidata del PSOE a tomar la vara de mando del Ayuntamiento, María Gámez, ha prometido que el antiguo solar militar ella lo va a convertir en un inmenso parque para disfrute del triángulo vecinal, cuyos tres lados lo conforman Málaga, Alhaurín de la Torre y Torremolinos. El excelentísimo ministro de Fomento José Blanco ha pedido una burrada de euros para que dicha propiedad revierta en sus legítimos dueños, los malagueños; la cantidad solicitada por el avariento ministro ronda los ochenta millones de euros que Carolina España, la concejala responsable de manejar nuestra calderilla, debería depositar en la saca del ministerio que comanda el gallego Blanco.

Málaga, como siempre, calla como una puta cualquiera, con perdón de ustedes y de esas mujeres acosadas por las normas municipales. Esta putada, no tiene otro nombre, no es capaz de hacérsela Blanco a Cataluña, pongamos por ejemplo.

Por favor, que nadie se entere de lo que escribo.

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