jueves, 23 de noviembre de 2017

Eduardo "Toto" Berizzo





La mayoría de mi media docena de lectores saben que soy un fervoroso sevillista desde temprana edad, hecho que me trae algún que otro “disgustillo” en “esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia”, cosa que a mí, dicho sea de paso, me entretiene y hace que mi vida transite de forma más entretenida.

          El otro día pertrechado en mi hogar con banderas y bufandas sevillistas me dispuse a disfrutar viendo el encuentro de Champions entre mi Sevilla del alma, y del entrenador Berizzo, y el Liverpool inglés.

          El primer tiempo fuimos sacudidos con un rotundo 0-3 por lo que se vislumbraba un desastre como aquel de la “Armada Invencible” contra la reina Isabel de Inglaterra; pero no fue así porque este equipo, como reza en el himno de El Arrebato “nunca se rinde”; de manera que vivimos una nueva épica del sevillismo ya que se logró empatar el partido lo que facilita, a no ser que tengamos un profundo cenizo, pasar a los octavos de la competición reina del fútbol mundial.

          Al otro día nos llegó la triste noticia de que Berizzo padecía cáncer de próstata y la sociedad futbolística se tambaleó ante tal hecho; al haber sufrido un servidor la presencia de semejante “bicho” en esa parte noble del cuerpo, hace ya una docena de años, quise ponerme sentimentalmente en contacto con “mi” entrenador e insuflarle el ánimo necesario para decirle que todo es superable y que, como según parece, él tiene al “hijo de puta” localizado, debe ponerse en manos de un buen cirujano y se acabó el rollo; si yo pude, tú, amigo Berizzo, también podrás.

          Es cierto que quedan secuelas en el hombre, siendo la más importante esa que con cierta cursilería denominan “hacer el amor”, pero bien se puede cambiar por otra actividad muchísimo más importante; a saber: “construir el amor”.

          Justamente esta última es la que voy a realizar dentro de una hora y media… pero eso será materia para otro “copo” de cualquier día.

          Ánimo, pues, Berizzo del alma

martes, 21 de noviembre de 2017

Ada Colau




La alcaldesa de Barcelona tiene una enorme habilidad para zafarse de cualquier problemilla político que se ponga en su camino; es amiga o enemiga, a ella le da lo mismo, de unos y otros y, tal vez por ello, fuese que el veterano socialista señor Borrell la definiera como “emperatriz de la ambigüedad”.

          Ambigüedad que bien podría definirse como equidistancia o tal vez encajaría en la cita del Libro de Apocalipsis que reza: “pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”; o sea, tal vez la tibieza defina a Colau en su rama política, y no en la de activista social donde se formó esencialmente como “okupa”, hasta que ocupó el ayuntamiento de Barcelona.

          A mí no me cae ni bien ni mal, dicho de otra forma: que me parezco a ella en lo de no mojarme en demasía. Se ha aprendido de carretilla una buena coletilla que le viene como anillo al dedo para saber desmarcarse en estos momentos convulsos que se viven en Cataluña; la coletilla es la siguiente: “No estoy a favor de la Declaración Universal de Independencia ni del artículo del 155”, pero sus hechos la desmienten porque sí votó el tristemente famoso 1º de octubre al tiempo que ha roto el pacto municipal con el PSOE porque éste partido apoyó el citado artículo; lo que hace suponer que está más cerca de la DUI.

          Es muy lista la pajolera alcaldesa ya que sabiendo que Barcelona tenía muy difícil hacerse con la Agencia Europea de Medicamentos, por la inestabilidad catalana y la fuga de empresas de Cataluña, optó por no aparecer en persona, como el tema se merecía, en el lugar donde se dilucidaba la cuestión, enviando a dos subordinados, o sea, no dio el callo para no parecer perdedora.

          Sin embargo, tengo la sensación, y perdonen la expresión, que la están calando como a cualquier melón.







lunes, 20 de noviembre de 2017

MELILLA, CEUTA y el señor MONTILLA




El ex presidente de la Generalitat y senador por el PSC, José Montilla, ha rechazado este lunes reformar la Constitución para facilitar una vía en la que se pueda romper la unidad de España. “No creo -ha afirmado- que tenga mucho futuro, no hay ningún Estado que vea de buen grado su propia amputación porque España sin Cataluña no sería España, sería otra cosa, no nos engañamos, no estamos hablando de Ceuta y Melilla”, ha asegurado el expresidente y exministro de Industria en una conferencia en el Forum Europa Tribuna Cataluña. Es cierto que al poco tiempo se desdijo de tan ridícula aseveración y pidió disculpas a los ciudadanos de ambas ciudades españolas.

          Pero, hombre de Dios y de Iznájar (Córdoba), la metedura de pata estaba ya en las redes sociales y el orgullo de melillenses y ceutíes tirado por los suelos al tiempo que, el señor Montilla, daba vuelos a Marruecos para reclamar de nuevo esos dos bastiones españoles del norte de África; quiso aligerar lo que le salió del alma aduciendo causas económicas en su nefasto pronunciamiento.

          Un servidor, melillense nacido en la barriada Concepción Arenal, conocido popularmente por Barrio Obrero, dio un brinco al escuchar semejante majadería de los labios de un exministro del gobierno español, pues seguramente el de Iznájar desconoce que Melilla, conquistada para el Ducado de Medina Sidonia, por Don Pedro de Estopiñán, en el año 1497 pertenece a la Corona de España desde 1556, o sea, cuando Navarra o la propia Cataluña, pongamos por ejemplo, andaban en guerrillas provincianas, o sea, que no todo es “pela”, señor andaluz convertido, sino que también cuentan la historia, el honor y la dignidad. Sepa usted, señor Montilla, que en Melilla han convivido, y conviven, cuatro comunidades, a saber: cristianos, musulmanes, judíos e hindúes, siendo por ello sus habitantes una de las especies humanas más tolerantes del mundo, bastante más que la catalana y que usted, híbrido entre andaluz y catalán.

          Y mire, le voy a dejar escrito para que lo aprenda de memoria un poema, de mi autoría, con el que gané el Premio Internacional de Sonetos “Ciudad de Melilla” y que preside el despachito desde el que le escribo. Dice así:

“Que ceda lenta la envolvente boria
del verde mar que os besa como lago.
Que hable la vieja puerta de Santiago
por donde Estopiñán meció la noria

de mi tierra, mi cuna, mi memoria.
Que broten nardos del pasado vago
de Melilla, y remueva el verso mago
las carcomidas grietas de su historia:

fenicia, Rusadir, sutil romana,
vándala, visigoda, musulmana,
de Medina Sidonia, azul ducado,

y cuando la gran cruz, Castilla izóla
en fe del Nuevo Mundo inacabado
emergiste ya incólume española.”