lunes, 19 de febrero de 2018

Marta Sánchez




“Vuelvo a casa, a mi amada tierra,/ la que vio nacer un corazón aquí./Hoy te canto, para decirte cuanto orgullo hay en mí,/por eso resistí./ Crece mi amor cada vez que me voy, pero no olvides que sin ti no se vivir.//Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón/ y no pido perdón.// Grande España, a Dios le doy las gracias por nacer aquí,/ honrarte hasta el fin.// Como tu hija llevaré ese honor,/ llenar cada rincón con tus rayos de sol.//Y si algún día no puedo volver,/ guárdame un sitio para descansar al fin.”

Y con la letra arriba indicada, la cantante Marta Sánchez puso su especial letra al himno de España en su recital en el teatro de la Zarzuela. El público, en los primeros segundos de los acordes del citado himno no se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, hasta que rompió en aplausos hacia ella que, para bueno o para malo, para honra o escarnio, escribió -cantó- una de las páginas más hermosas de su carrera artística no exenta, lógicamente, de las probables críticas que se leerán y que ya caminan por las redes del cobarde anonimato.

A nivel personal, y con los hechos que están ocurriendo especialmente en Cataluña, los que se esperan por el País Vasco y los que comienzan a alumbrar las Baleares, este sonoro y orondo castellano con el que Marta, vestida de rojo, cubrió los acordes de nuestro himno consiguió que me sintiese algo más español, porque la ciudadanía, además de pan, vive también de una cierta simbología.

Simbología que, en este caso, con los vientos que corren no está exenta de un cierto valor.

Chapeau, amiga.



miércoles, 14 de febrero de 2018

Nuestro particular Miércoles de Ceniza




Un ruego: que nadie se escandalice por lo que aquí pueda leer. Otro ruego: si alguien se cree puro o pura que no lea más. Tercer ruego: la existencia hay que revestirla de ironía y ganas de pasarlo bien, háganlo.

Pues la verdad es que un servidor, con esto de San Valentín no había caído en la cuenta de que hoy es Miércoles de Cenizas, ya saben ese día en que, al menos antiguamente, la Iglesia nos recordaba que la teníamos que diñar y por ello el padre cura nos colocaba ceniza en la frente al tiempo que nos decía, más o menos: “polvo eres y en polvo te habrás de convertir”. Hoy, me dicen algunos amigos, que se sigue imponiendo la ceniza con el mandato de “conviértete”. De una forma u otra, el rito tiene algo de tragicomedia, pues son muy pocos los que no saben que aquí estamos de paso hasta que lleguemos a la Estación Término, a no ser que, como al profeta Elías, alguien nos suba hacia los cielos en un carro de fuego.

Pues bien, serían las 19:15 horas cuando bajé a mi querido Gran Vía, sito en calle Don Cristián, a tomar un corto y de rebote un güisqui con bastante hielo y algo de agua. Eran las 23:15 horas cuando, con paso erecto y derecho, salía de tan sagrado lugar. Y salí bien, con algunas copas más de agua de fuego y habiendo saboreado algo de mojama, salchichón, lomo, tomatitos y todo ello aderezado con bocaditos de amistad.

La amistad se puede saborear de dos maneras diferentes: a palo seco y con unas copas bien bebidas, mejor de la última manera siempre que no se llegue a la embriaguez, y la vivamos en ese filo de la navaja que podríamos denominar “puro cachondeo”.

Pasaron por el Gran Vía toda una serie de personajes que bien se merecen, merecemos, una novela corta y coral: Pepe “el pollo”, Manolo “el bético”, Ignacio “el besucón”, Juanito “el de la ONCE”, Emilio el todoterreno, Julio Moyano, Paco, etc. Buena gente.

No sé cómo, pero como casi todos son cofrades hablamos del Miércoles de Ceniza y no quisimos largarnos del Gran Vía hasta no hacer nuestro particular rito, del que yo fui oficiante. Y así, recogiendo de un cenicero colocado en el exterior, por mor de la excelsa Leire Pajín, culpable de tanto resfriado cogido de entrar y salir, fui imponiendo la ceniza a todos y cada uno de los amigos, al tiempo que, cambiando la frase, decía: “de polvo vienes y polvo tendrás que echar”, dicho que tal vez sea
más real, o al menos, menos trágico que el que clama la tristona Iglesia para decirnos que se inicia la Cuaresma.

Ustedes perdonen.

martes, 13 de febrero de 2018

Los bocazas de turno




Emergen últimamente los “bocazas” al igual que los hongos; se da con frecuencia, y C´s está en ello y los quiere premiar, que los delatores, por regla general, personas que tienen problemas con la justicia no tienen recato alguno en irse de la “sinhueso” con tal de intentar arreglar sus problemillas para evitar la entrada o la vuelta al trullo.

          Algunos de ellos, caso del señor Guerrero, ex director general en la Junta de Andalucía, no tienen vergüenza alguna en no ratificar lo dicho anteriormente cuando se ven delante de los de la toga y las puñetas; este “buen” ciudadano, aquel que aseveró que, referente a los EREs andaluces, se habían dilapidado tantos billetes como para “asar a una vaca”, ahora calla o dice que estaba presionado por los medios de comunicación y la policía.

          O el señor Granados, que después de estar más de dos años en prisión provisional, le ha venido de repente a la memoria que Esperanza Aguirre, Ignacio González y Cristina Cifuentes, lo sabían todo del caso Gürtel, y la última mencionada por sus relaciones sentimentales con el golfante de Ignacio; y curiosamente no ha salido ninguna feminista que tache de vil machista al tal Granados que, aunque no ha demostrado lo que afirma con papeles, ha dejado un reguero tóxico con su forma de expectorar.
          
         Como ejemplo de aprovechamiento mediático ahí tienen la entrevista de Jordi Évole con José María García, en la que se intentó poner en un aprieto al Rey Juan Carlos I, previo apaño de una llamada telefónica para saludar al “butanito” y que resultó ser una encerrona para hablar de temas por los que ya había pedido perdón públicamente al pueblo español; salva al Borbón que le colgó el teléfono al suavón de Évole, aunque este consiguió que el “butanito” se introdujera en una ciénaga al nombrar a un empresario cuyos apellidos comenzaban por la letra “uve” y terminaban en “erre”.

          Llamado a capítulo por un juez, el ex todopoderoso José María García hizo mutis.

          Otras cosas nos quedarán por escuchar en este lenguaraz país.

www.josegarciaperez.es