domingo, 13 de mayo de 2018

El ungido Quim Torra




No tengo el placer, tampoco el disgusto, de conocer al diputado del Parlament, señor Quim Torra, próximo Presidente de la Generalitat por votación de la mayoría de sus miembros y “ungido” a tal puesto por el dedo índice del huido señor Puigdemont, eso sí, a cambio de que no ocupe sus antiguas dependencias; hecho, este último, que trae de cabeza a la mayoría de los expertos políticos de este país, me refiero a España. Un servidor de ustedes tampoco sabe muy bien la causa, a no ser que, al igual que los perritos, Charles desee marcar bien su territorio o mando en plaza.

Y como decía anteriormente no lo conozco por lo que tengo que creerme lo que dicen de él los que lo conocen de largo y afirman, no hay excepción alguna, que es un intelectual en toda regla y muchísimo más inteligente que el “belga de adopción”, lo que no quiere decir que sea más listo sino más pillín; y entre políticos, no lo duden, los listos le pueden a los intelectuales, al menos hasta ahora.

No voy a referirme a la fobia que Torra siente a todo lo que huela a español, demostrada en esas “garrapatas” con las que durante un cierto tiempo Quim esparció por las redes sociales, pero que ya se ha encargado de borrar, y digo que no voy a hacer mención a ellas porque mermaría la calidad de intelectual que se le atribuye, aunque en ese echarse atrás demuestra que es algo listo al tiempo que tontorrón porque las huellas de su odio permanecen.

Deseo, y no es ironía, por el bien de España -incluyo a Cataluña- que el ya inminente Honorable de la Generalitat esté en su sano juicio y no juegue a las antiguas travesuras de su padrino Puigdemont, y por tanto se dedique a gobernar como ordena nuestra Constitución y tengamos la fiesta en paz, no sea que de nuevo se tenga que aplicar el artículo de los tres dígitos y nos encontremos entre la espada y la pared.

Salud, amigos

viernes, 11 de mayo de 2018

"Aprovechategui"



La pasada encuesta del CIS ha puesto nerviosa a la fauna política nacional, porque los nacionalistas, según el sondeo, siguen exactamente igual que siempre.
          
Así que, por este orden, PP, C’s, PSOE y Podemos andan entre una horquilla de más menos cuatro puntos, algunos han sacado pecho pues se ven posibles ganadores (C’s), otros han sentido un cierto alivio (PP), los hay que no comprenden muy bien lo que les está pasando (PSOE) y Podemos respira con cierta mesura porque a pesar de su crisis interna mantiene movilizado a los suyos.
         
No cabe duda, según expertos, que el más beneficiado es Ciudadanos que parece recoger votos de los dos partidos tradicionales, esencialmente del PP, al que según los enterados en estudiar la “cocina” de las entrañas del citado estudio solamente le quedan los mayores de 65 tacos y los pequeños pueblos del desierto; aunque, no se olvide, quedan un par de años para los próximos comicios y ese tiempo es demasiado.
         
Pues bien, Albert, envalentonado hoy por los números que lo acarician, ha llegado hoy, por ayer, al Congreso que se salía y ha roto el pacto constitucional que tenía contraído con el Partido Popular respecto al artículo 155 de la Constitución por flojera de Rajoy a la hora de aplicarlo en Cataluña.
        
 ¿Qué desea Albert?, tal vez convertirse en una derecha pura, dura y joven o que los tanques entren por Las Ramblas. Habla de los niños de algunos guardias civiles que, realmente, han sido “señalados” por 8 o 9 profesores, pero acaso lo que echa de menos es que el gobierno provisional de Cataluña introduzca a los profesores en chirona sin previo juicio o sean expulsados como funcionarios por “incompatibilidad con el vecindario” igual que en los tiempos de Franco.
         
Cuidadín, Albert, cuidadín que te estás pasando tres pueblos al tiempo que Inés Arrimada, siendo vencedora en las elecciones, no se ha presentado a presidir la Generalitat para que el reloj de la democracia comenzara su recorrido.
         
Uf!... dos años de “aprovechategui” puede costarle un disgusto al amigo Albert.




martes, 8 de mayo de 2018

"Que se jodan"



Creo que ha sido en Alicante, como en tantas otras partes, donde Mariano Rajoy ha sido recibido con una pitada, semejante a las producidas en las finales en la Copa del Rey, por un grupo de jubilados activos que lo esperaban en las cercanías del lugar donde se dirigía a decir algunas palabras, sea dicho que esto de silbar a M. Rajoy y pedir su dimisión se ha convertido en una diversión de nuestra ciudadanía.

          Acompañaba al Presidente su sombra, a saber: la secretaria de Estado de Comunicación, la encargada de asesorar al gallego en todo aquello que pueda beneficiar su deteriorada imagen, algo harto difícil, aunque no imposible, en esta tierra donde se puntúa como el líder más valorado del panorama nacional a Baldoví, diputado nacional de Compromís, seguido de Alberto Garzón que va a conseguir lo que no logró Franco, la desaparición del PCE del panorama español.

          Pues bien, a la citada secretaria de Estado de Comunicación, señora Martínez Castro, comentó en privado con alguno de sus adláteres, refiriéndose al sonoro recibimiento de los jubilados a su jefe, “yo les hacía un corte de mangas, cojones, que se jodan”, frase, por cierto, que dista un infinito de la forma de expresarse de su jefe superior inmediato; pero la pillaron “in fraganti” y lo privado se ha convertido en público

          Si quiere dimitir que dimita, pero lo expresado por la “experta” comunicadora me ha hecho pensar, y bastante, cuándo decimos la verdad, si es al expresarnos en público o en privado en lo alto de un escenario o en el silencio perturbador de un lecho.

          Creo que en público todos mentimos, no solamente los políticos, sindicalistas u obispos y más, pero muchísimo más, cuando nos ponemos como ejemplo; ya saben la frase: “haced lo que ellos dicen, pero no hagáis lo que hacen”.

          Así que el problema de la señora Martínez Castro es que lo que ha “largado” ha sido en privado, o sea, donde se dice lo que se piensa.

          Es por ello que debe dimitir